Cuando las emociones difuminan la objetividad

 

Tanto es así que aquí se podría volver a aplicar el dicho de “no hay más ciego que el que no quiere ver”. Ya podemos nadar en la abundancia que, si las emociones desvían nuestra conciencia, no veremos más que el punto en el que está fija nuestra atención.

Cuántas veces me habré visto condenándome por este motivo, con un monólogo poco halagüeño en donde me pregunto de dónde nace Continúa leyendo…

No tengo espacio para tanta información

 

—Reviso todas mis cuentas sociales, las newsletter, reviso todos y cada uno de los foros de conversación de los temas que me interesan, que necesito saber, ojeo uno por uno todos los artículos y post de todas y cada una de mis páginas favoritas. Y cuando llego al fin al final de esa tarea, siento que a mi mente le falta información, que debería completar esos puntos que Continúa leyendo…

El orgullo o el culto al atrezzo

 

Un hijo que por fin logra convertirse en abogado, una hija que sigue los pasos de sus antecesores y se hace médico, un hermano político, un padre policía, un pariente cantante, una que ha publicado un libro…

Cualquier indumentaria que el sentido común considere lustrosa es el justificante perfecto para que el ego empiece a inflamarse, y además con razón, aunque en muchas ocasiones no le ataña directamente a nuestra persona. Continúa leyendo…