A solas con la fe

 

«Si no lo veo, no lo creo», me dices de esa forma tan altiva. ¿No te cansas de ser tan descreído? ¿No te pesa generar tanta racionalidad en la cabeza? Crees que yo soy el que hace todo mal, que tengo la culpa de que el hastío por la vida, por tu vida se haya instalado en tu procesador central. Y además crees que yo soy la causa de que hayan desaparecido tus ganas de mejorar esa condición tan Continúa leyendo…

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Cuando las emociones difuminan la objetividad

 

Tanto es así que aquí se podría volver a aplicar el dicho de “no hay más ciego que el que no quiere ver”. Ya podemos nadar en la abundancia que, si las emociones desvían nuestra conciencia, no veremos más que el punto en el que está fija nuestra atención.

Cuántas veces me habré visto condenándome por este motivo, con un monólogo poco halagüeño en donde me pregunto de dónde nace Continúa leyendo…