Cuando las emociones difuminan la objetividad

 

Tanto es así que aquí se podría volver a aplicar el dicho de “no hay más ciego que el que no quiere ver”. Ya podemos nadar en la abundancia que, si las emociones desvían nuestra conciencia, no veremos más que el punto en el que está fija nuestra atención.

Cuántas veces me habré visto condenándome por este motivo, con un monólogo poco halagüeño en donde me pregunto de dónde nace Continúa leyendo…

Conversaciones con una emoción

 

—Lo que me faltaba. Si éramos pocos… Ahora te toca aparecer.

—Hola  —dijo la emoción, con un aire de reverencia y una sensación que podría pensarse que son sus manos unidas.

—¿Hola? Pero si no necesitas que te invite, ni que te avise, ni… ¡Nada! ¿Insinúas irónicamente que estoy siendo descortés? ¿Cuándo has tenido tú la decencia de, como mínimo, prepararme para tus exabruptos? Continúa leyendo…