El respeto al Ser

 

Mucho se está moviendo en este último tiempo. Mucho se quema, mucho se agrieta, mucho vuela, mucho se inunda, mucho se rompe, mucho se desmorona… Una vibración implacable que, como grano zarandeado en un cedazo, nos despoja de aquello con lo que nos cubrimos, de aquello con lo que nos empeñamos en ocultar de nosotros. Y no sólo para Continúa leyendo…

Anuncios

La resistencia, ¿fortaleza o debilidad?

 

Cuando pronuncio la palabra resistencia una especie de lluvia de hojitas de laureles parecen decorar la secuencia. Porque la resistencia suele emparejarse a actos heroicos, a luchas sin tregua por lograr un objetivo, a éxito frente a las adversidades, a musculosas mentes, impertérritas y de semblantes agotadamente satisfechos. La resistencia laureada en verdad tiene otro nombre, perseverancia. Y Continúa leyendo…

A solas con la fe

 

«Si no lo veo, no lo creo», me dices de esa forma tan altiva. ¿No te cansas de ser tan descreído? ¿No te pesa generar tanta racionalidad en la cabeza? Crees que yo soy el que hace todo mal, que tengo la culpa de que el hastío por la vida, por tu vida se haya instalado en tu procesador central. Y además crees que yo soy la causa de que hayan desaparecido tus ganas de mejorar esa condición tan Continúa leyendo…

El gusto por complicarnos la vida

 

Comienzo este post con esa pregunta cansada por aparecer al final de tantas luchas que al final resultan fútiles y hasta cómicas. ¿Por qué nos gusta complicarnos?

¿Qué hay de atractivo en alterar el sentido de lo que ya tiene su sentido? ¿Qué nos motiva a… no, rectifico;  ¿qué nos empuja a hacer exactamente lo que, por simple lógica, es contrario al propósito, contrario a la naturaleza del primer movimiento? ¿Cómo resulta tan sencillo hacerlo más difícil? Continúa leyendo…

El orgullo o el culto al atrezzo

 

Un hijo que por fin logra convertirse en abogado, una hija que sigue los pasos de sus antecesores y se hace médico, un hermano político, un padre policía, un pariente cantante, una que ha publicado un libro…

Cualquier indumentaria que el sentido común considere lustrosa es el justificante perfecto para que el ego empiece a inflamarse, y además con razón, aunque en muchas ocasiones no le ataña directamente a nuestra persona. Continúa leyendo…