“Pasajes y compases”

 

«Esa idea le daba la bienvenida a su encuentro con la soledad de la costa y la acompañaba durante todo el rato. La finitud de la existencia, el escape incontrolable e inexorable. Recordaba lo que su amiga Yedé solía decirle (…): Maya, no dejes que el tiempo se te escape. Haz lo que más deseas. Pero, ¿sabes cuándo? ¡Ahora mismo!»

 

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“Pasajes y compases”

 

«Iba bien de tiempo por lo que el resto lo emplearía para relajarse. Necesitaba tiempo para ella (…). Encendió algunas velitas e incienso en el cuarto de baño y remoloneó un rato tratando de buscar la mejor música para ese momento. Sólo cuando estuvo enjabonada, y no antes, comenzó a sonar el teléfono…»