Cuando la mente es tu peor compañía

 

Sin duda alguna, la mente es el procesador de información más sofisticado y asombroso que podamos concebir. Hasta tal punto esto es así que, el saber que aún no se sabe prácticamente nada de ella parece que le da más énfasis a esa aseveración.

Desconocemos cuáles son los límites de este potente ordenador biológico, si es que los tiene. Y al respecto también podemos objetar que de este fascinante y simple, al mismo tiempo, hecho radica la explicación de por qué este sistema está concebido para reparar más en las limitaciones que en las magnificencias.

Biológicamente estamos programados para captar en primer lugar los posibles peligros que podrían estar acechándonos. Y cómo por ello es más sencillo caer en el pavor y en el pesimismo, en la preocupación autoinducida que en valorar y agradecer la prueba de que tenemos cuanto precisamos para abrir los ojos día a día y contemplar amaneceres, uno tras otro.

Pareciera que la neurosis original a la que aún estamos adheridos genéticamente fuera un tremendo obstáculo a la hora de lograr un aceptable grado de objetividad en el momento de vivir, de disfrutar de la existencia. Y es que, cada día tenemos que lidiar con el autosabotaje propio, con esa insidiosa manía de ver el vaso medio vacío. Y no porque sea algo malo sino porque la mente así nos lo inclina a creer.

Vivir con cierto grado de pesimismo, fruto de una necesidad de supervivencia, es un garante vital. Sin embargo, cuando la balanza se desequilibra y tiene más peso la negatividad y el tremendismo por la vida, estamos ante el influjo de nuestra propia adversaria.

Con implacable contundencia la mente, que es nosotros, que es como entendemos y dirigimos nuestra existencia, verá en cada cosa una amenaza, un posible destructor de nuestra integridad. Y como habitualmente creemos lo que pensamos, fruto de nuestras creencias más arraigadas que a su vez están alimentadas por el instinto de supervivencia, así será. Tal es el potencial de la mente que creamos lo que creemos; tal es la fuerza psíquica de lo que creemos que con total seguridad somos nosotros los que erigimos el peligro que directamente estará amenazando nuestra vida. Un ejemplo de cuando la mente se convierte en nuestra peor enemiga lo podemos ver en cada neurosis, en cada trastorno obsesivo compulsivo, en la hipocondría, en las fobias, en las obsesiones, en el odio, en los rencores… La lista es tan larga como neuronas tienen cabida en el cerebro.

Pero aunque sintamos que esto no tiene remedio, que estamos abocados a morar en un infernal mundo al que tratamos de despistar con mil actividades, adicciones a drogas o al trabajo, al que tratamos de decorar como sea con los espejismos que vemos ahí fuera, existe la manera de liberarnos de esa realidad virtual.

Puesto que la realidad que vemos es precisamente la que nuestra mente procesa empapada en la influencia de la biología, de las creencias y que, en realidad realidad (sí, lo escribo dos veces) no es la real, podríamos practicar el simple y difícil ejercicio de hacer un inciso a cada pensamiento, para recordarnos que es exactamente eso, un pensamiento. Un pensamiento generado por la mente y de la cual somos sus dueños.

Nosotros podemos entrenarla, corregirla y animarla a que nos muestre otra óptica. ¿Qué podríamos perder? Ya conocemos de sobra las amenazas que durante la mayor parte de nuestro tiempo nos han condicionado por parte de la mente. Podemos crear las conexiones necesarias para que nos permita ver la vida con otros ojos y de esta forma poder experimentar la existencia sintiendo que el vaso también está medio lleno.

Cuántas cosas hemos dejado de vivir por miedo a perder la vida, cuántas veces el ánimo se ha vuelto sombrío ante el influjo de la enajenación mental, y cómo luego el ser queda compungido por sentirse limitado ya que esta nos ha metido el miedo en el cuerpo y no hemos sido capaces de apostar por nosotros…

Elige con total libertad lo que quieres experimentar, y que no sea quedarte en el miedo, con ese miedo patológico y excesivo que en vez de protegerte te mata por el otro lado. Haz de tu mente tu aliada, la que te ayude a logar la mejor versión de ti mismo. Porque, al fin y al cabo, ese es su verdadero poder: estar a tu disposición.

“Concédete la oportunidad de cambiar los pensamientos. Porque al cambiar tus pensamientos, cambias tu vida. Es ley.”

Ermelinda (…y otros).

 

Anuncios

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.