Onirismos y otras realidades

Cuántico

Si alejo de mí el psiquismo un instante, puedo contemplar y comprobar cómo me uno a la Tierra, en ese rojo primigenio, a través de mis pies. Como raíces toscas y enervadas, retorciéndose confusa y ordenadamente, que penetran las rocas. Se abren paso profundamente para alcanzar su objetivo, el núcleo de Gaia.

Si alejo de mí el psiquismo un instante, puedo contemplar y comprobar cómo me uno al Cosmos, en ese violeta místico, que se vuelve blanco y luego transparente. Y cómo me disuelvo como éter en el éter, en el espacio, en el tiempo.

Si alejo el psiquismo un instante, veo cómo mis brazos se vuelven nebulosas, polvo extraño que deambula siguiendo patrones. Y cómo mis piernas se vuelven de color azul, añil, como las estelas incandescentes de las estrellas. Y mis pensamientos son agujeros negros que me empujan a lo desconocido del propio Universo, a ese punto sin situar en donde ni él mismo sabe que existe. Y el latido de mi corazón es tan sólo un quasar que esconde el misterio, cuyo pulso deja pistas en la nada que encienden la conciencia.

Si alejo el psiquismo un instante, puedo contemplar y comprobar que ayer y mañana y hoy son exactamente lo mismo que siempre y nunca, un acomodo elegido a la creída realidad física que se deriva de volver a entrar en el mundo de la mente.

 

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