La religión que profeso

 

Siempre tuve por costumbre unir las dos manos, no sé si por imposición de un hábito religioso, eclesiástico o como respuesta a un impulso que habita escondido en lo más hondo de mi memoria.

No es sencillo explicar por medio de conceptos y palabras lo que ocurre cuando llevas a cabo ese sencillo mudra. Sin embargo, me puedo aventurar y decir que se inicia todo un despliegue de cambios y movimientos a nivel sutil que no dejan indiferente a la percepción del estar vivo.

El gesto en cuestión estabiliza los campos energéticos al neutralizar las polaridades que interactúan en el espacio. Y eso, como resultado, se traduce en una especie de calma, de centralidad consciente.

La religión, como expresión fervorosa de un dogma, no deja a un lado las muestras manifiestas que del ser humano se desprenden. Y me atrevería a afirmar que ninguna de ellas omite este gesto, unir las manos, en ninguna de las múltiples expresiones que la misma adopte.

Pero, así como el añjali mudra es inspirado en cualquier acto fervoroso de una forma casi automática e inconsciente, el significado que tiene y que está detrás de todas las religiones es la raíz de la que se nutre este mismo concepto.

Existe un sustantivo que siempre acompaña al significado de la palabra religión; y ese es la fe. Aunque la mayor parte de los seres humanos sólo conozca las religiones que existen por el modo en que estas se representan, con sus iconos, oraciones y consecuencias, no siempre van más allá del verdadero significado de la fe, puesto que en los últimos tiempos de la historia, el nombre de la fe no ha salido muy bien parado gracias al libre albedrío del ser humano a la hora de interpretar los valores, o mejor dicho, las leyes del Universo.

En el diccionario, la palabra fe viene definida como la creencia y esperanza personal en la existencia de un ser superior. Pero lo que muchas personas no se imaginan es que ese ser superior, al que hace referencia el diccionario y literalmente las sagradas escrituras, es la propia esencia de la cual estamos hechos. La fe es la certeza absoluta en nosotros mismos y, por ende, es el Amor a todo cuanto es. Porque todo lo que es lo es el Ser.

La religión es la forma en que cada uno expresa lo más elevado de sí mismo, independientemente del credo o instrumento que se elija de los que se exhiben ahí fuera. Y lo más elevado nunca es lo que se proyecta de un sinfín de formas en el lienzo de la tercera dimensión, sino aquello que inspira a un hombre a unir sus manos.

 

“La religión que profeso se llama Amor.”

Ermelinda

 

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