¿Qué es el Universo?

 

Y, al instante, se nos viene a la mente la imagen de un fondo oscuro, salpicado de diminutos puntitos luminosos y una nebulosa con forma de caballo, o una galaxia en espiral. Pero el Universo también es lo que no sale en la imagen. Es más, lo que no sale en la imagen es lo que hace posible la imagen. Y lo que hace posible la imagen es todo lo que no se ve.

Hace ya tiempo leí aquella aseveración de que «estamos hechos de polvo de estrellas», y en un primer instante me resultó extraño debido, como siempre, a las expectativas que mi mente tiene gracias a su bagaje ancestral e inconsciente; después, y como un mecanismo que se activa solo, la misma trataba de concretar a qué puntos de su conocimiento adherirse para convertirlo en una creencia o no.

Lo cierto es que no me costó mucho admitirlo y sentir maravilla ante una verdad tan hermosa. Y es que, ¿cómo no vamos a estar hechos de polvo de estrellas, de cristales, metales, gases y mil manifestaciones de la materia, si somos parte del Universo, si somos el propio Universo dándose la forma de humano?

Las montañas, los animales, el viento, la luz del Sol, el Sol, los planetas, los agujeros negros, los pensamientos, la sincronicidad, los biorritmos, la oscuridad, el vacío, la nada… Y no es que todo eso esté en el Universo, sino que todo es Universo.

Cuando establecemos aparentes distinciones, cuando jerarquizamos, cuando nos identificamos a algo o con algo, cuando necesitamos imponernos, cuando cambiamos nuestro amor propio por otra cosa, estamos escindiendo nuestra totalidad al no saber empíricamente que todo es lo mismo. Y decir que «todo es lo mismo» es igual a decir que «somos Universo». Luego de esa a priori inocente y biológica acción, queda flotando en un rincón de nosotros esa eterna sensación de carencia, de que nos falta algo.

Desde las dimensiones más elevadas o las galaxias más remotas a las dimensiones más ocultas y desconocidas del ser humano. Todo es Universo. Nosotros, resultado de una serie de combinaciones a nivel atómico o subatómico, tenemos una característica que a día de hoy no se sabe a ciencia cierta si otros seres de nuestro entorno (no tengo dudas de que los de entornos más lejanos, sí) la podrían tener. Y es la conciencia, la capacidad de saberse a sí mismo, de saberse siendo.

Y, aunque el embotamiento mental que produce la costumbre a la monotonía nos vaya alejando del recuerdo de saber las cosas, lo cierto es que es un principio asombroso. Y aún más si utilizamos la capacidad de diseccionar de la mente y ahondamos en lo que ello significa.

El ser humano, que repara en sí mismo, como expresión específica del Universo y dando este lugar a la existencia, es el propio autor de su camino, de su paradigma. Sin embargo, aun siendo un ser con consciencia no se acuerda de ser consciente de ello. Y es esa misma inconsciencia mental la que lo inclina a establecer distinciones dentro de un espaciotemporal en donde todo es producto de la misma fuente, o dicho de otra manera, la esencia de todas las cosas, visibles y no visibles, es la misma.

Como antes mencioné, la inclinación innata en el ser humano de separar para poder organizar crea, a su vez, la necesidad de compensación, de rellenar los huecos que su comportamiento le origina. Pero aun así, el Universo sigue funcionando a la perfección, puesto que somos él. Y nosotros, en nuestro micro-universo, recreamos una y otra vez esa totalidad que es ley. Creamos los médicos con sus enfermos, los policías con sus ladrones, las injusticias con su castigo, las escuelas con su analfabetismo, la pobreza con su riqueza, la noción del bien con su noción del mal… Y así, con cada elemento que el hombre se empeña en dualizar. Además se puede aplicar un viceversa para rubricar el sentido circular que suele inspirar un Todo.

Aunque cueste creer, el humano es un ser completo por naturaleza; la idea de tener que llegar a ser alguien, de tener que medirse y probarse, de tener que labrarse una reputación, de tener que conseguir la mitad que cree que le falta y que le complementa, no es sino eso, una idea. Un pensamiento fruto de su error de apreciación de lo que realmente es. Y siendo una entidad completa, lo único que le resta es llevar a cabo una acción que no precisa de elementos externos: cumplirse a sí mismo.

 

“Somos la forma en la que el cosmos se conoce a sí mismo.”

Carl Sagan

 

 

También puedes ver:  ¿Quién es Román Santos? (Fuente: Román Santos, http://www.romansantos.com/)

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