¿Por qué le conviene al mundo que estés bien?

 

Esta no es una pregunta que lanzo con ánimo de comenzar una campaña publicitaria, ni tampoco se trata de una estrategia de marketing para captar adeptos. La pregunta que titula este post lleva implícita una respuesta que tiene su base en leyes físicas.

Alguna que otra vez he escrito (y perdí la cuenta de las veces que lo he hablado), que aunque los ojos de la cara no sean capaces aún de ver ciertas cosas, no significa que no sean reales. Prueba de ello son las emociones, los sentimientos, los pensamientos…

Como habrás podido comprobar en múltiples ocasiones, no es extraño observar cómo ciertas cosas se propagan entre los seres humanos como la pólvora, ya sea una noticia, un hito, una moda… Y aunque no nos paremos a preguntarnos por qué ocurre esto, el mecanismo es muy simple: la resonancia. Prende una cerilla y acerca, sólo acerca sin llegar a tocar, un trozo de papel y verás cómo prende; toca una campana y pon cerca de tu oído otra y notarás la reverberación del sonido de la primera en la segunda.

La resonancia explica por qué cuando se activan una serie de elementos, otros que aparentemente no tienen nada que ver, empiezan a vibrar en la misma frecuencia. Y es que, aunque no lo creamos, los seres humanos entramos en sintonía con lo que nos rodea, como la pequeña chispa que explota ante el combustible.

Es obvio pensar que si no hay resonancia con ciertos estímulos no existiría correlación en la respuesta debido a que la atención vibratoria probablemente estará enchufada a otra cosa. En ese punto, el curso del estímulo inicial, que tenía como propósito continuar expandiéndose, lógicamente se para.

Las fuentes actuales desprenden un cúmulo incesante de estados de ánimo sombríos y por doquier, el desánimo y la negatividad se adhieren a los seres humanos como un sutil e invisible pegamento. Nos hemos acostumbrado a convivir con un nivel energético relativamente bajo, denso, y ello queda patente en la naturalidad que se desprende al admitir día a día que «así son las cosas» o «el mundo siempre ha estado en conflicto». El circuito de la negatividad es imparable porque se ha generalizado. Todos, en uno u otro sentido, poseemos elementos que resuenan con esa oscura frecuencia y, en realidad, no es beneficioso para nadie, ni para los seres humanos y mucho menos para la Tierra.

Sin embargo, es posible invertir la polaridad de los pulsos humanos y hacer que, en vez de seguir envolviéndonos en un circuito de negatividad, se eleve la resonancia vibratoria. De este modo, dándole permiso al optimismo para que se deje sentir, para que impregne un pensamiento, para que impregne tu ánimo, aun sin verlo estarás contribuyendo a purificar la vibración del planeta y con ello a generar soluciones, a sustituir conflictos por entendimientos, a advertir en el otro un reflejo fiel de ti y a entender tus contradicciones como sombras que sólo quieren ser iluminadas. Por ese sencillo motivo, que no deja de ser una ley física, el mundo quiere que estés bien. Porque aunque sólo tú seas la excepción que confirme la regla, estarás sentando las bases para que el resto te siga. Y, sinceramente, a todos nos conviene tener cerca a alguien que active lo mejor de nosotros mismos.

 

“Tan sólo basta un individuo para inspirar al mundo.”

Ermelinda

 

 

También puedes leer:  Vibrar alto es propagar la alegría (Fuente: Evolución Consciente, https://consejosdelconejo.com)

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